Una víctima más del abuso de poder en Valencia.


Pope, 24/05/2008 - 14:32, Valencia.
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Salí de trabajar a las ocho de la tarde del jueves, 15 de mayo. Me dirigía al banco la kutxa para ingresar 600 euros, en compañía de mi perro y con el patín bajo mi brazo. En ese momento, me llamaron la atención los gritos y los insultos de cuatro policías que estaban en la C/ De Martín Mengod que discutían con dos niños que habían jugado con el patín. Los críos permanecían inmóviles ante los cuatro agentes y decidí prestar colaboración ciudadana acercándome a ellos para saber lo que estaba ocurriendo.

Pregunté a los niños y me dijeron que los agentes les estaban multando. Pues han sacado una nueva ley que prohíbe patinar en la vía pública valenciana habiendo solo un skatepark para toda la ciudad de valencia y además siendo este de rampas, cuando hay 2 modalidades rampa y calle y de este ultimo no ay nada. Intenté defenderles hablando con la policía, diciéndoles que no me parecía justo que les tratarán así a unos chavales por practicar un deporte, como es el skate, cuando realmente hay otros muchos problemas más peligrosos que deberían atender, como la constante presencia de drogadictos y maleantes de las calles del Carmen. Aproveché para comentarles que la semana pasada me rompieron un cristal de mi coche para robarme el reproductor de música y la radio, el teléfono móvil y un convertidor. Y fue la gota que colmó el vaso, nunca le digas a un agente lo que debe hacer.

Me interrogaron para que me identificara y por no responderles a la primera, ya que consideré que no había hecho nada malo, uno de ellos volvió a preguntarme el nombre y yo le pregunte el suyo tb, pero esta vez agarrándome del patín para que lo soltara. Ante mi postura de no soltar el patinete comenzaron los forcejeos. El primero, (un agente moreno) me agarraba del patín y el segundo (Uno rubio grande ciclado de hormonas de testosterona con pinta de Rambo ) me puso la mano en el cuello, me empujó contra una persiana de un establecimiento mientras yo, totalmente desconcertado, les decía que pararan y les preguntaba qué estaban haciendo. Entonces, en vez de la mano, me puso el brazo en el cuello, impidiéndome respirar, me tiraron al suelo, me quedé de rodillas, hasta que solté el patín porque me estaban ahogando, sin fuerzas y a punto de perder el conocimiento. Acto seguido me pusieron las esposas, me quitaron todas mis pertenencias y me metieron en el coche mientras decían: “esta noche te vas al calabozo por listo”.

El agente, que anteriormente había estado sujetándome del patín, comentaba mofándose de mí que yo le había golpeado en las piernas y qué se yo, mentía y además me insultaba. Yo estaba indignado, confuso y me callé.

Después de cachear mis cosas se metió en el coche, sentado a mi lado, siguió insultándome y ordenándome que me callara porque le estaba pidiendo que por favor me devolviera las cosas. Le dije que tenía 600 euros, que iba a ingresar en el banco. Me respondió que mis pertenencias estaban en la basura, bromeaban tanto que ya ni siquiera sabía si era verdad o mentira. Pero, afirmaron que sí estaba el dinero, mientras uno de ellos se encendía un cigarrillo en el coche sin respetar si yo fumo o no.

Total, que volví a callarme, no sabía nada, me llevaron a la comisaría de Ángel Gimera. Me metieron en el calabozo de arriba con un golpe en la cabezay, de nuevo, insultos.

Más tarde, me atendió una agente, la cual me trató como lo que soy, una persona, y llevó a cabó las preguntas rutinarias. Me informó también, que tenía el derecho de hacer una llamada. Le dí el número de mi socio del trabajo para avisarle que iba a ausentar al trabajo por lo que me había ocurrido y que lo organizara todo. No obstante, me enteré el sábado que finalmente no habían realizado aquella llamada.

Ante aquella situación de confusión, rabia y desconcierto me había olvidado totalmente de mi perro. Mientras estaba en el calabozo me acordé de él y solicité otra llamada para que alguien fuese a buscarle porque temía que le pudiera ocurrir cualquier cosa durante todo ese tiempo, que fueron tres días, nada más y nada menos, sin comida. Me negaron la petición de la llamada, por lo que mi perro se quedó los tres días esperándome en la calle.

Momentos más tarde, me tomaron las huellas dactilares y volvieron a encerrarme en la celda y aproveché para pedirle a un agente que retirara los restos de ropa usada y maloliente situados en una de las esquinas de la misma, o por lo menos, que me dieran una bolsa para recogerlo, pero me hico caso omiso.

Después, el mismo día, jueves, me trasladaron a otra comisaría, a la de Abastos, la agente que anteriormente me había comunicado lo del derecho a la llamada, y otro que se encontraba en el momento de la agresión de la calle, el cual no se violentó conmigo y me confirmó que era uno de los que estuvo presente ante aquel hecho. Les comenté que me sentía indignado por el trato innecesario y agresivo que me propinaron sus compañeros y este agente me respondió que estuviese tranquilo, que no me iba a ocurrir nada pero que, no obstante, refiriéndose a los hechos en la calle, que no me tenía que haber metido.

Estaba asustado por el traslado al otro calabozo, y el agente intentó tranquilizarme. Cuando llegamos me pidió que me quitara los cordones de las zapatillas mientras esperábamos y les comunicaba a otros policías que me había comportado correctamente. Minutos después, me fui con uno de ellos a una celda de cacheo, a sala contigua, y me devolvió el dinero. Yo no quería llevar esa cantidad de liquidez encima por lo que le pedí que por favor se lo quedara él de alguna forma, mediante un escrito, para que me lo guardara y después lo recogiera, pero me lo negó y tuve que esconder mi dinero en el calcetín. Sin embargo, me tranquilizó porque me dijo que de momento me iban a poner solo en una celda, por lo que se lo agradecí.

Esta celda estaba en mejores condiciones que la primera de la anterior comisaría. Sin embargo, cuando se les llenaron el resto con la presencia de otras personas se vieron obligados a encerrar más gente en la mía y aquella noche no pude dormir por el miedo a que me quitaran el dinero.

Antes de las doce o la una de la madrugada les dije que no había cenado, que tenía mucha hambre, me contestaron que ya se había cenado pero conseguí que me dieran 4 galletas y un zumo de naranja, que no me gusta, pero no había otra cosa.

Aquella noche se me hizo interminable, con la llegada y entrada de detenidos. El baño estaba en malas condiciones, pues el mecanismo de la cisterna se quedaba atascado y hacía mucho ruido, por lo que cerré la llave de paso y se lo comente.

Al día siguiente, sobre las ocho o las nueve de la mañana, nos repartieron algo de comida, las mismas 4 galletas y zumo de la noche anterior. Y acto seguido nos trasladaron a la comisaría de Ángel de Gimera, nos bajaron a las celdas de abajo y sobre las once me llevaron a hablar con mi abogado de oficio. Le conté todo lo que me había ocurrido hasta entonces con todos los detalles de la agresión. Me dijo que el asunto estaba bastante mal y que me podían poner una multa por agresión a la autoridad. Sin embargo, le conté que yo no había hecho nada, es más, los que se comportaron mal conmigo fueron los agentes.

Más tarde, nos reunimos con un policía para rellenar unos papeles. Mi abogado le preguntó si yo tendría que ir al juzgado para las cuatro de la tarde. El agente le respondió que posiblemente pero que el sistema informático iba algo retrasado y lento.

Volví a hablar con mi abogado a solas, y después me llevaron a que me tomaran fotos y más huellas dactilares, antes de volver a la celda.

Pasó el tiempo y nos dieron de comer y vinieron las mujeres de la limpieza, que iban celda por celda pero la verdad es que fue como aquello de: “por aquí pasó María”; total, que la celda se quedó como estaba de sucia.

Hacia las cuatro menos cuarto de la tarde un policía me sacó de la celda para que un médico pudiera verme el cuello lesionado por la agresión, sin embargo, me dijo a esa misma hora podría llegar el furgón que me trasladaría al juzgado a declarar, por lo que me hizo firmar un papel en queyo renunciaba al médico. El problema surgió cuando le dije que por favor anotara que yo renunciaba a ello porque quería irme al juzgado ese mismo día. Me respondió que yo no era nadie para decirle lo que él tenía que hacer. Finalmente lo firmé y esperé al furgón pero a mí no me llevaron.

Entonces, le pedí aquel mismo agente que me mirara un médico pero como había renunciado a ello me lo negó, insistí un poco más y me dijo: “si te aburres te haces una paja”, y me quedé pasmado. Pensé en pedirlo de nuevo cuando hubiera cambio de turno y aprovechar también para pedir que me dejaran realizar una llamada, porque no sabía dónde estaba mi perro.

Pasaron las horas, cenamos, fui al baño infrahumano sin tapa y lleno de papeles y meadas fuera de el , y llegó finalmente el cambio de turno de los agentes. Pero no conseguí que me viese ningún médico por una confusión que hubo, ni nada de nada.

Hacia la una de la madrugada llegaron dos policías nacionales, buenas personas, me llevaron de allí y se quedaron estupefactos ante los hechos que les relataba. Les dije que me daba mucha rabia y consideraba una humillación y comencé a llorar por todo lo que había sufrido porque me estaban escuchando y necesitaba que alguien comprendiera lo que me estaba ocurriendo.

Me llevaron a un ambulatorio, después de pasar de otro que estaba lleno, y finalmente me vio una médico que consiguió que me trasladaran a otro hospital que por ley me correspondía que fuese cercano a la calle donde yo vivía. Entonces fueron amables conmigo. Me hicieron radiografías del cuello y mientras tanto hablaba con los agentes, sabían que yo no había pegado a nadie la tarde del jueves. Me sacaron placas y al poco tiempo, me dieron los resultados, no tenía nada roto.

Me llevaron de nuevo a la celda, y aquella noche tampoco dormí nada. A la mañana siguiente, sábado, nos metieron a las furgonetas, e iba esposado a otro que tenía una condena por asesinato y yo con mi dinero en el calcetín camino al juzgado. Allí nos encerraron en otros calabozos.

Entre de nuevo en la celda y sobre las 11 me llevaron a hablar con el abogado. Me dijo que los agentes alegaron que yo les había golpeado, lo cual era mentira. Si lo aceptaba entraría en prisión ocho meses, y si no estaba de acuerdo y perdía el caso, entonces podrían ser doce meses. Ante la noticia me eché a llorar, se me vino el mundo encima, era injusto. Pensar que podría ir a la cárcel cuando solo intentaba ayudar a unos niños era inaceptable e inmoral. Pensé en lo peor, en una celda cualquiera se puede volver loco y más ante tal injusticia. Sufrí muchísimo y pensé que si entraba me suicido.

Me sacaron sobre las tres de la tarde, me llevaron ante la jueza y declaré todo lo que había pasado. Me volvieron a llevar al calabozo y después de un rato ante la forense para registrar las marcas. Otra vez al calabozo y luego a recoger mis pertenencias.

Salí del juzgado, volví a llorar intensamente y rápidamente llamé a mi hermano, que vive en Castellón, le conté todo y le pedí que viniera, y llamara a mi hermana y a mi madre que viven en Inglaterra para que mi madre cogiera un avión.

El juicio será el 24 de julio y hasta entonces no sé qué va a pasar y tengo que vivir con eso. Por eso estoy escribiendo estas líneas, para que alguien me escuche y pueda contar lo que ha sucedido conmigo ya sea abogado o gente de buena fe…, la injusticia a la que me han sometido y me están sometiendo, y conseguir que se solucione de una manera justa. Pido firmas DNI, nombre completo y emails para reenviar a todos los contactos sucesivamente.


Si te sientes identificado conmigo, mándanos tu caso. Si has vivido algo parecido juntos podremos acabar con esto. Cuantos más seamos más justicia haremos.

Contacta conmigo a través de mi número: 606029509, e-mail izarser@hotmail.com y el de la Asociación de Skate de Valencia: pope609@hotmail.com



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